CRÓNICAS 2009

ALEMANIA DEL ESTE

Galo Sánchez Vega

Compañero de la Caja, departamento de Recuperaciones

CRÓNICA DE UN VIAJE A ALEMANIA

1. INTRODUCCIÓN

En el pasado mes de setiembre un grupo de 28 excursionistas tuvimos la oportunidad de disfrutar del viaje a Alemania organizado por el Club de Viajes de la Hermandad, visitando especialmente la zona geográfica que hasta fechas recientes constituía la República Democrática de dicho país, comúnmente conocida también como la Alemania del Este.

Al respecto creo pertinente señalar que hace ahora exactamente 20 años tuvo lugar la reunificación alemana, cuando las áreas de la antigua República Democrática (Alemania Oriental) fueron unificadas con las de la República Federal (Alemania Occidental). El término “reunificación” es utilizado en contraste con la primera unificación del país teutón en 1871, cuando se constituyó el Imperio Alemán. Este nuevo capítulo de la historia ha colaborado a aumentar el atractivo turístico de esta gran nación centro europea, al incluir en su oferta los paisajes del este, sus ciudades repletas de edificios históricos y sus tesoros artísticos.

Alemania tiene una extensión de unos 357.000 km2 y una población de más de 82 millones de habitantes, estando dividida en 16 Estados (Länder), de los cuales hemos recorrido seis en los que visitamos sus principales ciudades: Hamburgo, Schleswig-Holstein (Lübeck), Mecklemburgo-Pomerania Occidental (Rostock), Berlín, Sajonia (Leipzig  y Dresde) y Brandeburgo (Potsdam). Si bien el país en su conjunto abarca una amplia variedad de paisajes, el recorrido utilizado nos ha llevado principalmente por amplias llanuras verdes salpicadas por lagos, ríos y bosques bajos.

Cabe indicar, como primera apreciación, que los lugares visitados han sido en general muy atractivos y hemos podido apreciar la riqueza artística y monumental de esta zona germana, con evidentes huellas de su pasado pro soviético que aún perduran, sobre todo, en lo que se refiere al trazado de las ciudades. Quizá el ritmo de las visitas efectuadas ha resultado, en ocasiones, un tanto precipitado y en la programación del viaje se cayó en el típico error de ver mucho en poco tiempo, pero esto es algo que parece inevitable y con lo que casi todos los que nos inscribimos en el proyecto ya contábamos de antemano.

Los hoteles y los restaurantes, en líneas generales, han estado a la altura de lo previsto, fallando quizá el hotel de Berlín en las cenas, precisamente el alojamiento donde pernoctamos más noches. Otra historia es la de la ubicación de los hoteles, que siempre origina ciertas controversias por estar quizá demasiado alejados del centro de las ciudades. Una información más precisa al respecto, cuando se efectúa la oferta del viaje, evitaría seguramente discusiones, protestas y algún que otro enfado.

Alemania ha derribado muros, se ha reunificado y ha sido ejemplo de reconciliación (ahí está el reciente Premio Príncipe de Asturias a la Cooperación concedido a su capital). Ahora bien, cuenta con otra barrera, de índole idiomático, que resulta ciertamente difícil de franquear, teniendo en cuenta además que sus habitantes tampoco dominan otras lenguas (entiéndase, sobre todo, el inglés) y apenas muestran interés en colaborar para hacerte la estancia más llevadera (¡hay que ver el trabajo que costaba pedir un simple café o un vino…!). Aunque sólo sea una mera conjetura, evidentemente sin ninguna base científica ni sociológica, algunos apreciamos cierto tufillo xenófobo en el comportamiento, sobre todo, de los berlineses, aunque quizá pese en exceso en esta apreciación subjetiva la historia reciente de aquellas criaturas que se creían de raza superior.

A destacar también la fortuna de contar con un aliado de lujo en este tipo de viajes y que no ha sido otro que el buen tiempo, que prácticamente nos acompañó durante todo el recorrido, excepción hecha del primer día de estancia completa en Hamburgo.

En el apartado de incidentes afortunadamente hay poco que reseñar, salvo un par de picaduras de la famosa avispa alemana (de parecido tamaño a la avispa común) a sendos excursionistas. El insecto susodicho nos “acompañó” durante todo el viaje, en especial en Berlín, y por suerte su picadura, aunque molesta, en general no es peligrosa para el ser humano.

Capítulo aparte merece Luis, el guía oficial que nos acompañó durante todo el viaje. A pesar de su corta edad, o quizá más bien debido a ello ..., ha sido todo un ejemplo de profesionalidad, exponiendo con claridad y de forma muy amena sus exhaustivos conocimientos sobre distintas materias en la zona en la que nos movimos: historia, cultura, geografía, clima, costumbres, economía, etc.. Si a ello unimos la cordialidad y la disposición prestadas para atender todo tipo de consultas, podemos concluir que su trabajo y su compañía nos han ayudado a conocer mucho mejor estas tierras bávaras. Tampoco me olvido de Javier, el chófer coruñés que manejaba el autobús como si fuera un utilitario y lo traía como una patena (cualquiera se atrevía a subir con un helado en la mano….). Con su retranca gallega y sus chismes de tinte machistoide, aunque en general de buen gusto, nos hizo pasar momentos muy agradables y aligeró la pesadez de los largos viajes realizados.

2. CRONOLOGÍA

Viernes 4/09 – Viaje de ida y  llegada a Hamburgo

Cogimos el autobús en Oviedo, con todas las calles centrales valladas para la exhibición de Fernando Alonso, un poco antes de la hora prevista. Precisamente la puntualidad ha sido una de las señas de identidad del grupo durante todo el viaje, con algún apurillo aislado por un ascensor que no acababa de llenarse, alguna indisposición repentina mañanera o ciertos despistes sin mayor relieve, circunstancias todas ellas perfectamente comprensibles y disculpables.

Efectuamos los vuelos sin novedad y llegamos al aeropuerto de Hamburgo a media tarde, donde se formó cierto lío en el transporte de las maletas hacia el autobús debido a las obras que había en la zona de paso. Nos recibe la ciudad con una tarde soleada y tenemos la primera toma de contacto con un paseo que efectuamos por los alrededores de la plaza del Ayuntamiento, edificio singular que domina prácticamente todo el centro urbano.

Sábado 5/09 - Hamburgo

Amanece un día lluvioso y gris que después fue cambiando alternativamente con claros y nubes, clima propio de la Zona. La ciudad libre y hanseática de Hamburgo, nombre completo heredado por su pertenencia a la liga medieval hanseática y como ciudad imperial libre del Sacro Imperio Romano Germánico, es la segunda ciudad más populosa de Alemania tras Berlín y forma su propio estado federado. Situada tan sólo a 50 kilómetros de lo que fue en su día el telón de acero, se calcula que los bombardeos aliados de la Segunda Guerra Mundial dejaron destruida la ciudad en más del 70%.

Hamburgo es la ciudad del Alster, un inmenso lago que se encuentra en el centro de la misma. Se trata de un lago artificial del río Alster que data del siglo XIII y que se divide en el Alster interior (Binnenalster) y el Alster exterior (Aussenalster). Precisamente iniciamos la mañana con una visita panorámica de la ciudad en torno a los dos lagos, apreciándose durante el recorrido los numerosos parques, canales y puentes que se distribuyen por Hamburgo, auténtica ciudad verde. Alrededor del Alster exterior, quizá la parte más atractiva de la ciudad, se distribuyen parques, jardines, zonas verdes protegidas, edificios residenciales y casas con fincas de alto nivel (por cierto, la mayoría aparentemente vacías), zona amplísima ideal para practicar múltiples actividades deportivas (incluidas las acuáticas) y de ocio. La verdad es que a un modesto practicante del footing, como el que suscribe estas líneas, esta zona le pareció un auténtico paraíso.

Nos trasladamos después al puerto para hacer un mini crucero por el río Elba. Estamos ante el segundo puerto más grande de Europa, tras el de Rótterdam, y aunque la ciudad está situada a 110 kms. del estuario del citado río, se considera un puerto de mar debido a su capacidad para manejar grandes buques oceánicos, aspecto que pudimos verificar navegando justo al pie de cargueros que tenían unos 300 metros de largo por 40 de ancho y que transportan una carga de 9.000/9.500 contenedores. Nuestra barcaza, bastante arcaica por cierto, parecía un pigmeo al lado de tales paquebotes trasatlánticos.

Comimos en una taberna típica hamburguesa y ya por la tarde tuvimos ocasión de visitar el Ayuntamiento, auténtico símbolo de una ciudad casi sin rascacielos y cuyo perfil está marcado precisamente por la torre del consistorio (112 metros de altura) y por las afiladas torres de las iglesias más importantes: San Miguel, San Pedro, San Jacob, Santa Catalina. El Ayuntamiento, cuya construcción se remató a finales del XIX y que posee una rica decoración neo-renacentista, tiene una imponente fachada de 111 metros de largo y en su interior alberga el consistorio, el parlamento y el senado, al ser Hamburgo ciudad-estado. La visita al interior resultó muy entretenida, a pesar de no contar con guía en castellano, y quedamos asombrados de las enormes salas en las que está dividido el inmueble (según se dice, tiene en total 647 salas. . . .).

El resto de la tarde la dedicamos a descubrir la ciudad de las hamburguesas, y también de la famosa crema Nivea, cada uno por su cuenta, optando preferentemente por patear las céntricas y concurridas calles peatonales en las que se concentran innumerables establecimientos y galerías comerciales ciertamente de un alto nivel.

Domingo 6/09 – Lübeck  /  Rostock

Abandonamos Hamburgo en dirección a Lübeck, pintoresca ciudad conocida como la capital de la Liga Hanseática y cuyo casco antiguo ya fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1987. La mañana amaneció gris, tristona y un poco más fresca, pero sin lluvia. Luego ya la temperatura se recuperó y el día estuvo más entonado.

Nada más llegar pudimos observar la fisonomía de Lübeck, típica de las ciudades hanseáticas del norte de Alemania, bañadas por ríos, y en las que las agujas de las torres de las iglesias parecen competir en altura. Traspasamos la monumental puerta Holstertor de ladrillo gótico rojo, distintivo común de la ciudad, y ya nos adentramos en la baja Edad Media, recorriendo gozosamente las calles adoquinadas del casco antiguo y observando con sorpresa el buen estado de conservación de las casas, cuyas puertas son todas distintas. Los patios interiores también nos han llamado poderosamente la atención al igual que una taberna del siglo XIX que aún sigue en activo, sin olvidarnos por supuesto del Hospital del Espíritu Santo, un orgulloso testimonio de civismo y amor al prójimo que apenas ha cambiado con el pasar de los siglos y que estuvo en funcionamiento hasta los años sesenta.

En el tiempo libre, algunos nos trasladamos a visitar la catedral protestante de Lübeck, o Iglesia de Santa María, construida en los siglos XII y XIII (estilo románico)  y que destaca por sus dos esbeltas torres gemelas. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando observamos que todas las paredes interiores están estucadas y pintadas en blanco, ocultando el característico ladrillo rojo de la zona con el que están levantadas. En fin, algún motivo de enjundia habría para perpetrar semejante atentado.

Antes de la comida, por cierto, espléndida, acopio de los típicos mazapanes en una céntrica tienda, muy bien equipada y decorada con exquisito gusto, después de guardar unos minutos en la cola para poder entrar.

Por la tarde nos trasladamos a Rostock y durante el viaje, siesta generalizada en el autobús, ya que el paisaje, de interminables llanuras verdes, tampoco ayudaba mucho a estar entretenidos. Una vez en Rostock dispusimos de tiempo libre (se anuló la visita panorámica prevista) para visitar esta ciudad portuaria ubicada a 11 km. del mar Báltico, en la desembocadura del río Warnow, y que conserva aún claros vestigios de su pasado pro soviético: grandes explanadas y espacios abiertos, bloques de viviendas sociales, calles adoquinadas, tranvía por el centro de la ciudad, enormes estatuas humanas de piedra...

La ciudad fue prácticamente aniquilada durante la segunda guerra mundial y fue reconstruida en su práctica totalidad siguiendo la planta y el diseño que tenía, siendo considerada en su día como el símbolo de la recuperación de la Alemania Oriental. En uno de los extremos de lo que fue el casco antiguo se conserva una de las puertas de la muralla medieval que rodeaba la ciudad, en la que se puede leer la misma frase en latín que habíamos visto anteriormente en la puerta Holstertor de Lübeck y que no necesita traducción: < SIT INTRA TE CONCORDIA ET PUBLICA FELICITAS > . En la propia fachada principal del Ayuntamiento de Hamburgo figura otra frase latina relativa a la obligación de velar por conservar la libertad de nuestros antepasados, lo que denota sin duda la huella dejada por el entonces Sacro Imperio Romano Germánico.

La situación del hotel, el mejor con diferencia de todo el viaje, permitió recorrer a pie prácticamente todo el centro de la ciudad, que cuenta con un importante eje comercial en torno al cual se distribuyen el resto de las calles. Ahora bien, al ser domingo y por la tarde, el comercio estaba cerrado y la ciudad apenas tenía transeúntes, pasando en un solo día del bullicio de Hamburgo y la animación de Lübeck a la tranquilidad y soledad de Rostock.

Lunes 7/09 – Llegada a Berlín

Emprendemos viaje a Berlín y se comenta que nos vamos hacia el sur sin haber visto el Mar Báltico, a pesar de encontrarnos tan cerca y de haber visitado Rostock, la ciudad que tiene el puerto más importante de dicho mar. El comentario fue recogido por Javier, nuestro chófer, y amablemente nos llevó hasta la localidad de Warnemünde, pueblo pesquero con un importante balneario, donde pudimos hacer unas fotos en una hermosa playa. La temporada de verano, evidentemente, ya había concluido, pero aún estaban sin recoger unas originales casetas, o cestillos de mimbre, típicas de la zona, que permiten protegerse del sol y del viento. El agua, por cierto, estaba a muy buena temperatura.

Retomamos el viaje hacia la capital y ya en Berlín comemos en un restaurante situado en la misma Potsdamer Platz, auténtico corazón berlinés y escenario de unos espléndidos edificios, construidos después de la caída del Muro, cuyo diseño está firmado por arquitectos de muchísimo relieve que han dejado su sello en esta emblemática zona.

Después de la comida, tiempo libre que cada uno aprovechó para una primera toma de contacto con la ciudad partiendo de la Alexanderplatz, en la que se levanta la enorme torre de la televisión, de 368 metros de alto, que se divisa prácticamente desde cualquier punto de la ciudad. Nos trasladamos después al hotel y la situación de éste originó cierto chorreo “cariñoso” al coordinador del viaje (se comentaba que estábamos más cerca de Varsovia que de Berlín. . .). La verdad es que Berlín es una ciudad muy grande y no resulta fácil determinar dónde está el límite que separa la zona céntrica del extrarradio.

Después de la cena en el hotel, salida al bus para efectuar visita panorámica nocturna, con paradas en el barrio gubernamental, Puerta de Brandeburgo - auténtico símbolo de la unificación de la ciudad - , Plaza de París, flanqueada por las embajadas americana y francesa, Monumento al Holocausto (2.700 bloques de granito de distinto tamaño y asentados en suelo irregular, que recuerdan a las víctimas judías que quedaron sin enterrar), y de nuevo, Potsdamer Platz, con los edificios del Sony Center unidos por una cubierta gigante, auténtica maravilla arquitectónica de reciente construcción. La luz que rodea a todo el entorno, y en especial la de la cubierta antedicha, nos pareció sencillamente espectacular, y en el mismo suelo se trazan marcas donde estaba levantado el otrora “muro de la vergüenza” que dividía a la ciudad en dos, Berlín Este y Berlín Oeste.

Martes 8/09 - Berlín

Día dedicado íntegramente a conocer Berlín, con un sol espléndido que nos acompañaría toda la jornada.

Es Berlín, ciertamente, una ciudad de las grandes que parece ir poco a poco ganando atractivo a medida que la vas conociendo. Tiene una superficie de 892 km2 y unos 3,4 millones de habitantes, con una densidad de población que no llega a los 4.000 habitantes por km2 frente a los algo más de 5.000 habitantes/km2 que tiene, por ejemplo, Madrid, ciudad ésta con una extensión de 607 km2.

Se aprecia una ciudad que ha innovado su aspecto urbano y se ha transformado desde la caída del muro, todo un acontecimiento éste que ha evolucionado a Berlín desde lo que ayer era frontera, hasta lo que hoy es prácticamente el corazón de Europa. A los edificios y monumentos que podríamos calificar como clásicos, concentrados sobre todo en la parte oriental, se han ido añadiendo edificios singulares y vanguardistas que han convertido a la capital germana en una pasarela urbana en la que han dejado su impronta los mejores arquitectos del mundo.

En esta ciudad, surcada por los ríos Spree y Havel con los innumerables puentes que los atraviesan, enseguida te percatas de las amplias zonas verdes que la salpican (¡menudo parque el Tiergarten, 207 hectáreas, en el centro mismo de la ciudad!) y que la hacen muy atractiva para el paseante, a lo que también ayuda la amplitud de las avenidas más importantes. También llama la atención la red de carriles-bici que se extiende prácticamente por toda la urbe y que registran un tráfico rodado, en ocasiones, bastante denso.

Está marcada la ciudad por los acontecimientos acaecidos en el siglo pasado (el nazismo, la segunda guerra mundial, el levantamiento del Muro) y que continuamente aparecen machaconamente recordados en su fisonomía, precisamente, dicen, para que no se olviden tan tristes y trágicas páginas de la historia reciente. Cabría preguntarse, no obstante, si no sería mejor borrar todas las huellas de estos episodios vergonzosos para los berlineses y dejar “sellado” para siempre este  deprimente pasado. En fin, seguro que la duda estará presente y que cada uno tendrá su opinión al respecto, inclinándose quien suscribe estas letras más bien por la segunda de las alternativas apuntadas.

Iniciamos la visita panorámica de la ciudad en autobús, deteniéndonos para contemplar una parte del Muro (1,3 kms.) que dividió Berlín durante 28 años y que se conserva, dicen, en memoria a la libertad. Se trata de una verdadera galería al aire libre integrada por unas 100 pinturas, en las que se pueden ver famosas imágenes como el magnificado beso de Erich Honecher (jefe de Estado de la RDA) y Leonid Brezhnev (jefe de Estado de la Unión Soviética).

Seguimos ruta y llegamos a la preciosa Plaza de la Gendarmería (siglo XVIII), con la Sala de Conciertos en el centro (presidida por una espléndida estatua de Schiller) flanqueada por la Iglesia Alemana Luterana y por la Iglesia Francesa Calvinista. Muy cerca de la Plaza está el Checkpoint Charlie, en recuerdo del punto de control más conocido de los aliados durante la división alemana. Fotos con la caseta que se conserva y los “soldados” que la “vigilan”  (uno americano y otro ruso), y otra vez para el autobús, ahora en dirección al centro de lo que fue Berlín Occidental, atravesando Kurfürstendammm, la avenida de compras más famosa de la ciudad. En ese mismo entorno se localiza el zoo y también llama la atención la Iglesia conmemorativa al Emperador Guillermo I, destruida durante la segunda guerra mundial y cuyos restos se conservan como recuerdo precisamente de los daños que ocasionó dicha confrontación bélica.

Volvemos al “Berlín Este”, junto a la Catedral, para efectuar un recorrido en barca por el río Spree que resultó muy placentero y provechoso, navegando por la Isla de los Museos, acercándonos al espléndido barrio gubernamental dominado por el Reichstag y la Cancillería, contemplando la estación del ferrocarril nueva y la Vieja Sala de Congresos, pasando bajo puentes de distintos estilos arquitectónicos, etc. etc.

La tarde la dedicamos a visitar el Museo Antiguo y el Museo de Pérgamo. En el primero, con unas dos mil piezas del Antiguo Egipto, destaca como estrella indiscutible el busto de Nefertiti, esposa del faraón Akenaton, pieza de unos 3.500 años que recientemente volvió al Museo Nuevo, su primera vivienda en Berlín de la que fue sacada durante los bombardeos de la II Guerra Mundial. En el Museo de Pérgamo, además de objetos y esculturas, también se exponen edificios enteros procedentes de las excavaciones de arqueólogos alemanes en Asia durante el siglo XIX. En conjunto, las visitas resultaron quizá un tanto pesadas, con explicaciones de las guías demasiado detalladas en aspectos muy puntuales que impidieron una visión de conjunto del contenido expuesto en los museos.

En día tan señalado, 8 de setiembre, no nos olvidamos de nuestra fiesta regional ni de nuestra patrona, aunque no pudimos entonar a la cena el Himno de Covadonga por falta de quórum, ya que la mayoría de los viajeros se quedaron a cenar en el centro de la ciudad.

Miércoles 9/09 - Leipzig

A primera hora de la mañana nos subimos al autobús para desplazarnos a Leipzig, ciudad del estado de Sajonia. El viaje de ida resultó bastante largo, había un atasco importante en la autopista y la ruta alternativa, por carreteras comarcales, no resultó fácil de localizar.

Llegamos a Leipzig, con otro día espléndido de sol y temperatura muy agradable, y nos sorprende la enorme estación de ferrocarril, de las más grandes de Alemania y que da muestras de la pujanza de la ciudad en los primeros años del siglo XX. Iniciamos la visita desde la céntrica Plaza de Augusto, presidida por una imponente fuente y flanqueada por el teatro de la ópera y por la sala de conciertos Gewandhaus, sede de la afamada Orquesta del mismo nombre. Enseguida nos llamó poderosamente la atención un rascacielos, el único de la ciudad, de unas 30 plantas de altura, que estaba en el mismo centro urbano y que es propiedad de una cadena de televisión. Hay que decir que si bien su diseño es bonito, en forma de libro cerrado, su altura y situación rompen con el bonito entorno que le rodea y es la única excepción a la norma urbanística en vigor que prohíbe levantar edificios más altos que la Iglesia de San Nicolás.

Continuamos nuestro paseo por las hermosas calles céntricas de la ciudad y llegamos precisamente a la Iglesia de San Nicolás, en la que no nos fue posible entrar por estar completamente abarrotada de gente. Después fuimos a la Plaza del Mercado y nos asombramos con el edificio del Antiguo Ayuntamiento, de los más destacados del Renacimiento alemán.

Seguimos la caminata pasando por delante del edificio de la Antigua Bolsa, donde su ubica una esbelta estatua de Goethe, y nos dirigimos a una galería comercial, preciosa, donde estaba previsto visitar la taberna inmortalizada por este autor en su Fausto, sótano abovedado al que, no supimos por qué, no pudimos acceder...

En el camino nos encontramos con un ochote ruso, coro acompañado de acordeón y ataviado con uniformes militares, que estaba interpretando en plena calle canciones populares tradicionales típicas de su país (Kalinka, Katjuscha, Stenka Rasin, Karabuschka...) con ese aire triste y melancólico característico de estas melodías. Voces auténticas, entre las que destacaba la de un solista barítono/bajo con un poderío vocal de muchos quilates que recordaba la clásica escuela rusa de canto de esa cuerda bajista.

Precisamente Leipzig se caracteriza por poseer una rica tradición musical, la cual debe agradecer, fundamentalmente, a Johann Sebastian Bach y a Felix Mendelssohn, maestros que pasaron aquí buena parte de su vida. La ópera tiene en esta localidad una tradición de más de trescientos años, y el altísimo nivel de la Orquesta de la Gewandhaus y del Coro de Santo Tomás, han engrandecido la fama y el prestigio de la ciudad en el mundo de la música.

Continuamos recorrido y nos dirigimos a la Iglesia de Santo Tomás, de estilo gótico tardío, que está presidida en una de sus fachadas por una lucida estatua del genial músico Johann Sebastian Bach (1.685-1.750), organista titular de esta iglesia durante años y cuyos restos reposan en una tumba situada en el mismo interior del templo. A pesar de lo comentado allí, ninguno de los órganos de la iglesia son de la época de Bach: el más antiguo se construyó en 1889 y el otro, en 2000.

Durante el trayecto nos encontramos con una ciudad muy agradable para el visitante, todo está muy ordenado y limpio, y con abundantes zonas verdes. También destacan unas galerías comerciales bien equipadas y atractivas que ocupan los bajos de edificios céntricos y que comunican con varias calles. Los precios, por cierto, no nos parecieron nada elevados en comparación con otras ciudades visitadas.

Recuperamos fuerzas con una buena comida y por la tarde nos quedó algo de tiempo libre para seguir conociendo esta acogedora y bonita ciudad. Ha sido una grata sorpresa y a no pocos nos pareció que la duración de la visita fue un poco ajustada, que quedaron cosas por ver y que se hubiera aprovechado mejor el tiempo prescindiendo de la parada efectuada en las afueras para ver el Monumento de la Batalla de las Naciones, inaugurado en 1913 con motivo del 100° aniversario de la batalla de los aliados contra las tropas de Napoleón. En fin, cosas de estos viajes en las que no siempre se acierta o se puede contentar a todo el mundo.

Jueves 10/09 - Dresde

Otra vez al autobús, a las ocho de la mañana, ahora en dirección a Dresde, capital del Estado de Sajonia. El día amaneció con niebla pero pronto apareció el sol, que nos acompañó casi toda la jornada.

Según nos acercamos a la ciudad ya observamos las distintas torres y cúpulas que le dan la importante personalidad arquitectónica que tiene, llamando también la atención la magna estación del ferrocarril con su piedra ennegrecida, característica común a casi todos los monumentos de Dresde y que les confiere cierto aspecto de suciedad. Parece ser que la causa radica en el alto componente férrico que tiene la materia prima empleada.

Nos recibe una guía veterana cuyos modales iniciales y atuendo parecen indicar que el Telón de Acero aún no ha caído, aunque en honor a la verdad, anécdotas aparte, nos ofreció una visión muy atinada de la historia y de los principales monumentos de una ciudad atravesada por varias líneas de tranvías y que tiene unas plazas enormes y unos espacios abiertos muy amplios. El río Elba separa la urbe en dos y el imponente puente de piedra Augusto une su casco antiguo barroco con la parte más moderna de la ciudad.

La visita a pie comienza en la Plaza del Teatro, maravilla arquitectónica rodeada por el Palacio de la Ópera, el Museo de la Ciudad, el Palacio Real y la Catedral Católica, monumentos que fueron arrasados, como el resto del casco histórico, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, cuando ya estaba muy próxima la capitulación de la Alemania nazi.

Nos introducimos en los jardines del Museo de la Ciudad para seguir rodeando el Palacio Real y llegar a la Plaza del Mercado Nueva, otro amplísimo espacio en la que se ubica la Catedral Protestante, de estilo barroco, en la que destaca la enorme cúpula que la corona y la limpieza de su piedra, en contraste con el resto de edificios históricos. Su interior, espléndidamente cuidado, sorprende por la distribución lateral de los huecos, que recuerda mucho más a los palcos de un teatro que a una iglesia consagrada como catedral en 2005. Por cierto, en un extremo de la Plaza volvimos a escuchar a lo lejos el mismo coro ruso que nos habíamos encontrado el día anterior en Leipzig; casualidades de la vida.

Finalizado el trayecto guiado, nos fuimos a comer y después dispusimos de casi un par de horas para completar la visita, ya cada uno por su cuenta. Nos quedamos con el recuerdo de una ciudad monumental salpicada de espléndidos grupos escultóricos y de logradas estatuas ecuestres. El suelo adoquinado y la ausencia de rascacielos, debido a unas estrictas normas urbanísticas, también aumentan el atractivo de la denominada Florencia del Elba.

A la llegada a Berlín, con cierto retraso por el tema del tráfico y las malogradas rutas alternativas, el coordinador del viaje nos comunica la concesión del Premio Príncipe de Asturias a la Cooperación precisamente a la capital germana.

Viernes 11/09 -  Potsdam / Sachsenhausen

Amanece el día con nubes y claros y un poco más fresco, pero no frío. Volvemos a madrugar y a las ocho nos ponemos en ruta hacia Potsdam, a unos 30 km. de Berlín, capital del Estado de Brandeburgo. El viaje, ya en las afueras de la capital, transcurre atravesando un enorme y cuidado bosque y nos detenemos en el puente de Glienicke, sobre un lago formado por el río Havel, escenario de algunos intercambios de espías durante la Guerra Fría.

La ciudad fue residencia de la familia real prusiana y nos acercamos en primer lugar a uno de sus palacios más famosos, el Palacio de Sanssouci (<< sin preocupaciones >> ) impulsado por Federico el Grande a mediados del siglo XVIII. Al interior del Palacio, de estilo rococó, no se puede acceder, pero sí disfrutamos de sus cuidadísimos jardines, en los que los estanques, las columnas coronadas con esculturas de mármol, el obelisco, los viñedos, etc., sirvieron de marco espléndido para acumular más fotos en las cámaras digitales.

Nos desplazamos al centro de la ciudad, muy tranquila y bonita, rodeada de bosques y lagos, convertida en residencia de políticos y gente adinerada, a la vez que también acoge a capas sociales más modestas que desarrollan su actividad profesional en la cercana Berlín. A destacar el Barrio Holandés, conjunto de unas 150 casas en ladrillo rojo levantadas entre 1734 y 1742 para acoger a los artesanos holandeses que habían sido invitados a establecerse aquí por el rey Federico Guillermo I.

Nos trasladamos a continuación al Nuevo Palacio, amplísima residencia que fue de Federico II el Grande y que se construyó en tan sólo 6 años (1763/1769). Con una amplia y bonita zona ajardinada a su alrededor, la visita al interior resultó un poco decepcionante, ya que no aporta nada nuevo respecto a otros palacios de su época, a excepción de la denominada Sala de las Conchas.

Regresamos para comer a Berlín, en el centro de la ciudad, y después nos trasladamos a ver el campo de concentración de Sachsenhausen, muy próximo a la capital. Algo falló en la planificación del viaje cuando estuvimos bastante más de dos horas en el autobús durante los cortos trayectos entre Potsdam-Berlín, Berlín- Sachsenhausen. Entrar y salir de Berlín, un viernes por la tarde, debería de haberse evitado para no incurrir en estos atascos.

En el campo de concentración de Sachsenhausen se conservan pocos barracones, y en los que quedan en pie, alguno convertido en museo, pudimos ver literas, retretes, cocinas, celdas, salones, etc.. Así pues, se intuye bastante más de lo que se ve, y lo poco que se conserva (para algunos, demasiado….), es más que suficiente para evaluar qué se hacía allí, con qué medios se contaba y qué fines se perseguían.

Es en este campo de concentración en el que se inspiró el director de cine austríaco, Stefan Ruzowitzky, para realizar en 2007 la película Los Falsificadores. En esta cinta se narra la que pasa por ser la mayor estafa de la historia, perpetrada por un grupo de prisioneros especialistas en falsificación de billetes, trasladados desde otros campos de concentración al de Sachsenhausen donde se aislaron dos barracones para transformarlos en un taller de falsificación perfectamente equipado (se llegaron a imprimir millones de billetes, tanto en libras como en dólares, con una apariencia absolutamente normal).

Sábado 12/09 - Berlín

Nos desplazamos a primera hora al centro de la ciudad para visitar el Reichstag, sede del Bundestag alemán. Es el edificio más visitado de Berlín y tuvimos la suerte de no tener que esperar mucho para entrar en él (tiene acceso gratuito y las colas a lo largo del día son interminables). Enseguida subimos en ascensor directamente a la espléndida cúpula de cristal que corona el edificio, con un diseño futurista ideado por Norman Foster, Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2009. Se trata de una obra maestra de la arquitectura moderna que combina funcionalidad con adelantos técnicos de todo tipo: absorbe y distribuye luz y agua, regula la temperatura de todo el edificio, etc. Subiendo por una rampa en forma de hélice, con acompañamiento de audio guiado, transitamos por una especie de plataforma panorámica en la que pudimos disfrutar de una magnífica vista de la ciudad, a lo que también contribuyó el día soleado que nos acompañó.

Del edificio original, finalizado a finales del XIX y de claro estilo neorrenacentista, sólo queda la fachada, muy deteriorada por los bombardeos de la II Guerra Mundial y reconstruida a partir de los años sesenta. Con la reforma de Foster, tres décadas después, el interior fue construido en un estilo moderno y funcional.

Abandonamos el Reichstag, no sin antes hacer unas fotos de grupo en el amplio y bonito parque que tiene delante de su fachada principal, en dirección al Palacio de Charlottenburgo, visita no programada con la que nos obsequió la agencia contratada para el viaje. Palacio de amplias proporciones y con unos jardines espléndidos en su parte posterior, fue construido a principios del XVIII a instancia de Federico I y representa la única muestra que queda en Berlín del pasado boato prusiano.

Finalizada esta visita nos trasladamos de nuevo al centro de la ciudad y almorzamos en la conocidísima Avenida de los Tilos (Unter den Linden). Después de la comida nos quedó la tarde libre, aprovechando para efectuar compras, visitar monumentos y museos, pasear por zonas aún no conocidas, etc.

Domingo 13/09 – Viaje de regreso

Nos despedimos de Berlín con un día gris y a las 10 de la mañana ya estábamos en el aeropuerto esperando para facturar, lo que se retardó lógicamente un poco ya que el vuelo no tenía prevista su salida hasta dos horas y media más tarde. El viaje de vuelta se hizo sin mayor novedad y llegamos al aeropuerto de Santiago del Monte más o menos a la hora prevista, por fortuna sin ningún contratiempo con las maletas.

3. DESPEDIDA

Al final esta crónica se hizo esperar y ha salido especialmente prolija, aunque entiendo que, como dice el refrán, “lo abundante no daña”, y espero que con una perspectiva temporal más lejana nos ayude a recordar estos estupendos días pasados en Alemania.

Un fuerte abrazo para todos y hasta que nos volvamos a ver en un próximo viaje.

Oviedo, 24 de octubre de 2009