CRÓNICAS 2010

CANADÁ

Gloria Carrera

Gloria Carrera Muñoz

Compañera de la Caja, en Operativa de Crédito

(Ver fotos de este viaje)

El día 17 de Julio el segundo grupo de viajeros salió de Asturias rumbo a Canadá, dispuestos a repetir y tal vez mejorar las vivencias del grupo anterior, aunque hay que decir que el programa fue idéntico.

Tras el preceptivo recorrido por Oviedo, Gijón y Avilés, el vuelo a París, sin incidencias, y cambio de terminal para el vuelo transoceánico que tras unas 7 horas de vuelo nos dejó en Toronto.

Nos recibió la que sería nuestra guía, Elsa, de ella sólo decir que se portó de forma inmejorable, instruyéndonos en todo lo necesario para comprender aquello que visitábamos, así como aprovechando los ratos de viaje en autobús para contarnos retazos de la historia, organización política y social y aspectos de la vida cotidiana de los canadienses.

Al igual que el grupo anterior se visitaron 4 grandes ciudades de la zona del río San Lorenzo, la más poblada del Canadá. En todas ellas hicimos un recorrido guiado con visitas puntuales a Parlamentos, Ayuntamientos, iglesias señaladas etc. que nos sirvieron para hacernos una idea general de las mismas.

Toronto es la más similar a Estados Unidos, con población de lo más heterogénea, donde destaca la ausencia de afroamericanos y la presencia cada vez más notoria de asiáticos.

Ottawa es capital del país, así designada por la Reina Victoria en su momento. Es bonita, formal y con grandes edificios gubernamentales.

Québec es la capital de la zona francófona, con algunas pretensiones de independencia. Por doquier aparece el lema (incluso en la matrícula de todos los coches) “je me souviens” referido al sus orígenes e idioma franceses, y religión católica. Es una ciudad pintoresca con un centro histórico muy “europeo”.

Montreal me pareció la ciudad más agradable de todas las visitadas, con parques, ciudad subterránea para capear el invierno, población bilingüe (al menos aquella que trabaja) y al igual que Toronto con edificios espectaculares.

En todas ellas pudimos apreciar la convivencia de edificios antiguos con impresionantes rascacielos, casi todos ellos muy bonitos.

También tuvimos la ocasión de disfrutar de visitas intermedias, muy variadas.

La primera fue a Niágara, donde pudimos acercarnos a la caída del agua en lancha, espectacular. A la vuelta vimos Niágara-on-the-Lake, pueblecito como de postal y donde algunos pudimos probar el vino de hielo que se produce allí. Es muy parecido a nuestros vinos dulces.

Una excursión muy vistosa fue el crucero por el río San Lorenzo para visitar las Mil Islas. Realmente son mas, pero la gracia está en que casi todas están edificadas, sean del tamaño que sean. Incluso las que sólo tienen unos metros cuadrados tienen encajada una casita. Otro día visitamos el Parque Omega, que nos dio la oportunidad de ver y fotografiar animales de la fauna salvaje de Canadá: osos, ciervos, lobos blancos, jabalíes, y bisontes entre otros, en un entorno de lo más fotogénico. Ese día llegamos a Mont Tremblant, estación de esquí que en verano es centro de vacaciones. Es un pueblecito como de diseño, con un pequeño funicular que ayuda a subir la calle principal, muchas tiendecitas y restaurantes.

Posteriormente a la visita a Québec nos acercamos a la zona de Tadoussac, donde nos embarcamos, nuevamente por el río san Lorenzo, a unos 800 km de la desembocadura con intención de observar las ballenas que allí acuden a alimentarse. Tuvimos la suerte de ver muchas, incluso al final del día, y ya de vuelta al hotel, una beluga despistada que iba en solitario.

Camino de Montreal vimos las cataratas de Montmorency, y también la basílica de Santa Ana, casualmente el día de Santa Ana. Había muchos fieles, y entre ellos pudimos encontrar numerosos indígenas que al parecer son devotos de esta santa.

Quizás la visita menos atrayente fue la del día de la granja de los bisontes, que habíamos visto ya la víspera en el Parque Omega y la “reserva india”, que consistió en un diminuto parque temático con algunas recreaciones y tienda. Por cierto, los indios no pagan impuesto.

Es muy dificil hacer una crónica que no resulte como una guía de viajes, las impresiones son diferentes para cada uno de los viajeros. Desde luego la impresión mas “gorda “nos la causó la alarma de incendios del hotel Sheraton donde intentamos dormir la primera noche. Decir que a la 1 de la madrugada estabamos vestidos, con la documentación en la mano y algunos en la calle, da una idea de cómo fue el sobresalto.

Otro aspecto que llamó la atención fue el sistema de precios en las tiendas, nunca figuran los impuestos en las etiquetas, por lo que el precio final de cualquier compra se sabe al pagar, salvo en las tiendas de los indios que están libres de impuestos.

Las constantes alusiones al invierno y su crudeza, con sus tres metros de nieve (en el sur) y los cambios que implica para la vida cotidiana nos hicieron desear poder ver los mismos paisajes cubiertos de nieve. Cada pocos kilometros en la carretera se veian singulares construcciones cónicas donde se guarda la maquinaria en invierno para evitar que queden sepultadas bajo la nieva.

El regreso no tuvo ninguna incidencia, como la ida. Llevabamos con nosotros varios miles de fotos y la idea de que si es posible deberiamos volver a visitar Canadá, eso sí, ampliando la zona a visitar pues el país da para lo que vimos y para mucho mas.

Compañeros de Cajastur en Canadá